domingo 7 de septiembre de 2008

Paris al atardecer

Eran cerca de las 10 de la noche. Al fondo, la torre Eiffel se recortaba en el cielo, tenuemente iluminada de azul arábigo.  A diez metros de la avenida Kepler, la que va del arco de Triunfo al Trocadero, seis mujeres muy juntas, sus cinturas dobladas, se afanan sobe algo que no veo. No son mujeres del barrio, seguro que ninguna es propietaria de alguna casa del exquisito distrito XVI donde nos encontramos. Van de todos modos bien arregladas, relativamente bien. No son mendigas, ni siquiera "pobres", ni  tampoco jóvenes. Tendrán entre  40 y  60 años.


Me acerco más. Veo entonces el objeto de su interés: el contenido de tres cubos de basura. Me doy cuenta de que están delante de un pequeño supermercado. Buscan la comida caducada que haya sido tirada en ellos.  No me da tiempo a sacar la cámara. Tampoco podría hacer una foto con discreción.

Sabía que eso ocurre en Madrid, aunque nunca lo había visto.  Cada vez hay más gente  que acude por las noches a las partas traseras de las grandes superficies de alimentación en busca de comida arrojada a la basura por estar pasada de fecha. Alguien me contó, no recuerdo bien, que la comunidad de Madrid había impuesto algún tipo de medida para evitarlo. Para proteger a los madrileños de la comida pasada, pero no del hambre o de los bajos ingresos.

También me han contado que en el puente de Vallecas hay un intenso mercadeo ilegal de comida. Tampoco lo he visto, pero por lo que me dicen es como la venta de azúcar y aceite en la posguerra. O de hachis y otras drogas en los calles de Malasaña o Chueca durante los 80. 
Los efectos de ese mash-up (palabra recien incorporada a mi vocabulario, porque lo de sinergia ya estaba muy pasado de moda) de este mash-up, digo, entre la liberalización (que el mercado imponga sus normas, de trabajo, de salarios, de condiciones de vida) y el proteccionismo institucional(medidas de seguridad alimentaria) se ven ya en pleno corazón del símbolo del lujo europeo. Al ladito  de los Campos Eliseos.

A los dos días de esto que os cuento visité en la isla de la Cité (¿o es en la de San Luis?) la Conciergerie y la Sainte Chapelle (la construcción gótica más alucinante que yo nunca haya visto. Se aconseja llevar prismáticos para observar bien las vidrieras). Voy en grupo con guía por la Conciergerie. Me entero de que los parlamentos eran, antes de la revolución, tribunales de justicia (tiene sentido, claro, dictaban jurisprudencia, y así hacían leyes como los parlamentos de hoy en día). Los jueces, o los parlamentarios, eran designados a dedo por el  rey, entre personas de su confianza. Hasta que Francisco I, para costearse sus castillos del Loira, sus guerras, sus amantes y sus lujos, decide poner estos puestos en venta. Con ello se produjo un hecho interesante, la separación del poder real del poder legislativo-judicial, dada la independencia de que gozaron  desde entonces los propietarios de estas plazas. La revolución acabó con este sistema de funcionarios por compra  de puestos (en vez de por oposición), aunque no en todo los estamentos. Por ejemplo la familia Sansón compró en el siglo XVII la plaza de verdugo de Paris, que conservó, transmitiéndola de padres a hijos, hasta 1840. Sansón fue el encargado, claro, de arreglar y de cortar la cabeza a Luis XVI y a María Antonieta. 

Estoy pensando en épocas distintas. ¿Acudirían los ciudadanos de Paris en 1789 a buscar comida caducada en las basuras de Versalles?


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo sí he visto en Madrid bastante gente esperando que sacasen los cubos del DIA de Francos Rodríguez. Cuando los sacaron empezaron a buscar como locos.

Gabiotillo dijo...

Me parece recordar que hace ya unos meses, se dedicó un "Callejeros" de Cuatro a la mendicidad en Madrid y salían imágenes similares.

Anónimo dijo...

La Conciergerie y La Sainte Chapelle se encuentran en l'île de la cité (la isla que alberga también Notre Dame).