sábado 27 de septiembre de 2008

Todos tontos menos yo

Cierto noche de verano hubo un accidente con muchos heridos en una ciudad  dotada de un único hospital público. Una médico que conozco, nada más enterarse por la radio de la tragedia, y sin recibir llamada alguna, se dirigió rapidamente a prestar ayuda durante toda la noche. Con ella  acudieron la mayor parte de sus compañeros, que no fueron remunerados -ni siquiera lo pretendían- por su trabajo fuera de horario. Recibieron, eso sí, una nota de agradecimiento del director del centro. Éste estuvo allí sólo un buen rato, el justo para ponerse la bata de médico (aunque no asistió a herido alguno) y emitir, así disfrazado, un comunicado oficial ante las cámaras y los micrófonos.


Meses más tarde mi amiga y sus compañeros se enteraron, casualmente, de que el director y los subdirectores, puestos a dedo desde la conserjería y que no habían prestado asistencia médica, habían sido gratificados economicamente, de forma especial, por el buen hacer del centro aquella noche. Mi amiga decidió entonces que pasara lo que pasara nunca volvería a acudir al hospital sin ser pagada por ello.  La nota de agradecimiento del director le pareció el mayor de los insultos y de un cinismo descomunal.

No se si, llegado el caso, será capaz de mantenerse firme en su decisión, y yo creo que los directivos del hospital y de la consejería de salud correspondientes cuentan con que ni ella ni sus compañeros lo sean. A eso juegan los muy "listos". ¡Para eso han hecho un cursillo de recursos humanos y de motivación de personal! El resultado es que creen que los demás son tontos y que puede hacerse trabajar a la gente gratis, o muy barato, convenciéndoles de la trascendencia o de lo "interesante" del trabajo, mientras ellos se afanan en conseguir gratificaciones extraordinarias por los ahorros que consiguen en las partidas de personal. Será que han renunciado, los muy generosos, a un trabajo "interesante" en favor de los demás. Como compensación reciben, claro está, salarios mucho más altos...

En la administración hay quien pretende aplicar este tipo de técnicas "gestoras" basadas en "no te promociono ni te subo el sueldo y espero que no te vayas a otro sitio donde te ofrezcan un salario y un nivel más altos, porque lo que yo te doy es un trabajo mal pagado pero muy interesante. Y además si me dices que el trabajo no te parece suficientemente interesante como para hacerlo a bajo precio haré como que te desprecio por tu materialismo y bajo interés profesional". 

El trabajo, y menos en la administración, es rara vez siquiera algo interesante: cualquier trabajo, cualquiera, que deba hacerse diariamente y por obligación resulta a medio plazo una cruz y un suplicio para casi todo el mundo. Una condena divina. Y al  que diga lo contrario, perdonadme, pero no le creo.  Se trabaja por dinero y por subsistir, dejémonos de tonterías.

Espero, en caso contrario, que los que pretenden lo contrario, cuando vendan o alquilen su casa pongan un precio diferente en función de lo simpáticos o enrollados que les resulte el comprador o el inquilino. Yo he intentado convencer esta mañana a la cajera del supermercado de que soy una cliente muy interesante y de que le iba a pagar por tanto un 20% menos y he estado a punto de que el securata me diera con la porra.

Lo más gordo es que cuando un esclavo, digo empleado, le dice a su jefe que él tiene que pagar un alquiler o la ortodoncia de su hijo, asi va a renunciar a un trabajo tan interesante pero mal pagado, es mirado con desprecio por su falta de vocación. Conmigo este rollo coló durante unos pocos  meses después de acabar la carrera. Porque este cuento del trabajo vocacional y desinteresado sólo sirve con inexpertos, jóvenes e inseguros. Porque luego te das cuenta de que el gestor en cuestión tiene un salario tres veces superior al del esclavo  (osea tu misma) y trabaja de forma muy, pero que muy poco desinteresada. 

Y es que esas técnicas "tan sofisticadas" (/modo irónico off) de recursos humanos están pensadas para ser aplicadas de forma prolongada por seres superiores sobre seres inferiores. O por listos sobre tontos.

Y como decía mi padre, "os podeís creer todo lo listos que querais, pero lo que no aguanto es que me tomeís por tonto". 

Yo creo que no hay mayor tonto que el que se cree demasiado listo.